
Ya sé que no debo escribir poemas.
Tal vez no los entiendas así como la razón de escribirlos.
Ya a nadie le interesan estas cosas.
He comprendido que desgarrarse – por goce o sufrimiento- es
lo que enamora al cuerpo,
despedazarse a lo largo y ancho de la vida
es lo que nos queda,
transitar convulsamente jaloneado por el espasmo – el
entusiasmo de morirse en el tiempo –
es la libertad que tenemos.
Sin embargo,
condesciéndeme un minuto,
obséquiame un remanso en tu fluvial destino,
haz que desaparezca el mundo en ese instante,
porque junto a ti es posible destruir el yerro más alto
al tiempo y sus indelebles secuaces,
sólo concédeme una orilla de tu vida, una playa
escondida donde encallar mis versos,
mis pobres versos, que tal vez tú no entiendas
como yo no entiendo para qué te los escribo.Pablo Salas























