
Si muero
no será la primera
ni la última vez
que me detenga.
Si me acabo
tú podrás amparar
mis cenizas y llevarlas contigo
ocultas en tu tristeza
serías mi más precioso verso, vivo
y deambulando por las avenidas finitas.
Estaría yo auscultado en tu carne.
Si tú mueres
moriré cien veces y más,
moriré tanto
que no me detendré de hacerlo
eternamente
porque el dolor será tan alto que la muerte
sucumbirá de someterlo
y me acompañará hasta una región
indescifrable
para siempre.
Si ambos morimos,
habremos vivido y muerto lo justo
lo que nos estuvo prescrito, ni un día de más
ni uno de menos
habremos llevado una vida certera, contabilizados
los atardeceres y los llantos, los hijos
los buenos y malos ratos
habremos sido tan exactos, más exactos que el universo
más grandes, generosos, más enigmáticos y continuos
que olvidaremos que vivimos
y que morimos
olvidaremos a la vida y su amiga muerte
de algún modo inexpresable
seremos y no seremos.
Pero, quién sabe
talvez nunca moriremos.
Pablo Salas
No hay comentarios:
Publicar un comentario