martes, 10 de febrero de 2009

Quién sabe


Si muero

no será la primera

ni la última vez

que me detenga.

Si me acabo

tú podrás amparar

mis cenizas y llevarlas contigo

ocultas en tu tristeza

serías mi más precioso verso, vivo

y deambulando por las avenidas finitas.

Estaría yo auscultado en tu carne.

Si tú mueres

moriré cien veces y más,

moriré tanto

que no me detendré de hacerlo

eternamente

porque el dolor será tan alto que la muerte

sucumbirá de someterlo

y me acompañará hasta una región

indescifrable

para siempre.

Si ambos morimos,

habremos vivido y muerto lo justo

lo que nos estuvo prescrito, ni un día de más

ni uno de menos

habremos llevado una vida certera, contabilizados

los atardeceres y los llantos, los hijos

los buenos y malos ratos

habremos sido tan exactos, más exactos que el universo

más grandes, generosos, más enigmáticos y continuos

que olvidaremos que vivimos

y que morimos

olvidaremos a la vida y su amiga muerte

de algún modo inexpresable

seremos y no seremos.

Pero, quién sabe

talvez nunca moriremos.


Pablo Salas

No hay comentarios:

Publicar un comentario